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Las izquierdas...

Las izquierdas...

Las izquierdas...

Por: Juan de la Piedra.

La modernidad exige un pensamiento acorde con los tiempos y con el futuro inmediato.

Sin embargo, en nuestra América Latina, cuando escuchamos a los personajes de izquierda competir en las campañas electorales, nos vemos sorprendidos por el “anatema de izquierda”.

Con José Carlos Mariátegui la izquierda peruana se centró en el fortalecimiento de los gremios de obreros y de campesinos, y generó una especie de modernidad caracterizada por el despertar de las clases sociales deprimidas y mal asalariadas. Y, claro, muchos años el Perú se fue transformando en una sociedad dividida entre el capital y el trabajo, tal cual Marx lo había descrito.

Pero naturalmente, la descomposición de esa teoría tarde o temprano tenía que malograr el sueño izquierdista de la lucha de clases, las etapas hacia el comunismo, creyendo a fe ciega en Hegel, Marx, Stalin, Lenin y otros de la época.

Haya de la Torre reconfiguró el esquema marxista interpretando a su manera la evolución histórica de América Latina; para él había que fortalecernos vendiendo nuestros recursos naturales al imperialismo, pero a su vez independizarnos y en bloque ganar nuestra fortaleza política contra el imperio norteamericano.

Luego el Perú entró en una corrupción total de los gremios sindicales y campesinos, era común oír que por un buen plato de lentejas terminabas con una huelga indefinida. Los dirigentes gremiales habían descubierto un gran filón hacer huelgas de trabajadores y marchas de campesinos. Descubrieron que habían viajes con todo pagado para visitar Moscú, La Habana, Rumanía, etc., y además cobrar por lo bajo grandes sumas al “arreglar un pliego de reclamos”.

En paralelo habían surgido las guerrillas que tuvieron poca duración, por falta de financiamiento, equipo y seguidores combativos. Javier Heraud fue uno de los íconos de aquella época moderna de utopías y sueño de grandes cambios sociales.

El Partido comunista se sentía orgulloso de la bandera roja con la hoz y el martillo, sus líderes tuvieron actuaciones destacadas en algunos momentos de la historia del siglo XX peruano, resistiendo la angurria de una oligarquía en decadencia. Sin embargo, tenían una característica bien definida, su ideología, su pensamiento era claro y cualquier obrero o campesino agremiado sabía en qué consistía y como lograrían el cambio social soñado: la revolución. Recuerdo los libritos rojos que se repartían en universidades y sindicatos. Era el catecismo ideológico.

Pero a fines del siglo XX un nisei catedrático y rector de la universidad de La Molina venció a Mario Vargas Llosa en las elecciones presidenciales de 1990.

Como el aprismo había destruido la economía popular, teníamos una inflación del 7,000% y el terrorismo nos tenía unas veces sin luz y otra sin agua, amén de las colas para todo producto; tal cual ahora Venezuela sufre con el chavismo; Fujimori, para bien, en vez de aplicar un modelo suavezón y socialista como había ofrecido en campaña, hace lo contrario y aplica el Fuji-Shock que remeció todos los estómagos en el país.

La izquierda que inicialmente estaba feliz con Fujimori, tuvo que dar un paso al costado primero, para luego enfrentarse al chino que se dedicó a sincerar la economía, vender las empresas públicas para saldar la deuda externa y aplicar la fórmula de los países asiáticos: derribar los sindicatos, derogar las leyes laborales (estabilidad laboral) y abrir el país a la inversión extranjera directa.

Lo más duro fue el combate contra el terrorismo que en setiembre de 1992 terminó con la captura de Abimael Guzmán, pasando entre otras medidas por la implementación de los Jueces sin Rostro para juzgar por los delitos de terrorismo.

Fue una época entre bombazos y muchas muertes, hasta que empezó a llegar la inversión extranjera. El pueblo empezó a ver rasgos de modernidad y mejora. Paz y desarrollo.

Pero a nivel ideológico era evidente que el marxismo, el leninismo, stalinismo, maoísmo, había saturado a los universitarios que hartos del terror se alejaban de los pensamientos radicales. Fue así que las ideologías fueron reemplazadas por lo pragmático y visible.

Sin embargo, siempre quedaron con el ojo rojo todos aquellos derrotados por ser comunistas, unido al hecho que estrepitosamente se había caído el Muro de Berlín, la Unión Soviética había desaparecido, Berlín ahora era occidental, Cuba en quiebra, y ya no había quien sostenga los “movimientos sociales”. Pues en aquel entonces se financiaban desde los Estados socialistas o comunistas. Más tarde nacieron las ONG’s con dineros de oscura procedencia o de capitalistas que habían descubierto que era buen negocio financiar el socialismo – siempre que sus negocios entren a tallar en los países que penetraban (Soros y Cía).

Hoy la izquierda en el Perú tiene el sueño de renacer, de volver a ser fuerte, como antes.

Sin embargo, a nivel ideológico dejan mucho que desear, el huracán de los 90’s los ha dejado en ruinas. Y una característica estruendosa es la falta de una ideología acorde con los tiempos; algunos grupos todavía siguen siendo bolcheviques, otros social-demócratas, otros maoístas – los más extremos, no existe una verdadera actualización de su pensamiento. Están congelados en el pasado.

Es infeliz conversar con un izquierdista universitario, no sabe realmente manejar su ideología correctamente; usualmente tienen ideas sueltas, contradictorias, y lo más curioso es que están imbuidos de la sociedad de consumo, tanto o más que un universitario que no se identifica con las izquierdas.

Y si hablamos con sus líderes peor, no han avanzado con el mundo actual, y lo peor de todo es que su pensamiento – reducido y flaco de ideas – es anatémico, es decir,  creen que sólo ellos pueden salvar al Perú, nadie más.

Cuesta creer que la izquierda peruana, sin mencionar a sus más destacadas figuras, no pasarían un examen completo de filosofía marxista, hegeliana, o más moderna como la de Althusser. En lo que sí están muy bien es en la organización de marchas y movilizaciones, hay que reconocerlo, manejan muy bien a los pulpines.

La izquierda peruana se ha convertido en una máscara que encubre capitalistas avivados que han descubierto que apoyar a estos grupetes desordenados es un buen negocio, pues al llegar al poder sabrán como cobrar su empujón y morder el jamón.

Para sobrevivir – sin recurrir a la fácil arenga y reclamo - la izquierda tendrá que renovarse, salir del modelo anti-sistema, crear una ideología propia, no importada, ser propositivos, trabajar realmente con el pueblo y no depender de las ONG’s de capitales extranjeros. Romper el anatema, sino, chau... hasta la vista baby.